Cómo se alinearon nuestras estrellas
A Serafina le apasionaban las mañanas — el primer dorado sobre los tejados, el café enfriándose mientras contemplaba la llegada de la luz. Orión pertenecía a la noche, trazando constelaciones que nadie más lograba ver.
Durante un tiempo pareció imposible: uno despierto mientras el otro soñaba. Pero entre sus amaneceres y sus estrellas hallamos un firmamento lo bastante amplio para los dos.
Le pidió matrimonio justo cuando el día se rendía a la noche — la luz dorada a nuestras espaldas y la primera estrella al frente — y preguntó si compartiría cada cielo por venir.