Nuestra historia
Nos conocimos una mañana de ruta por los valles del norte: Aitana guiaba a un grupo de senderistas y Marcos fotografiaba la vegetación del sendero. Cuando la niebla se convirtió en calabobos, él le ofreció su chubasquero; ella le mostró un nido en las copas de los árboles.
Los fines de semana se convirtieron en largas caminatas por los bosques y tazas de café caliente en el pueblo. Compartimos canciones, proyectos y un amor común por la naturaleza.
Un día de invierno junto al lago, con el agua reflejando el cielo, Marcos le pidió a Aitana que recorriera todos los caminos de la vida a su lado. Ella dijo que sí antes de que el eco se disipara entre las montañas.