Nuestra historia
Nos conocimos en una comida de amigos en la playa: Mateo era pésimo jugando al frisbee y Marisol se rio un poco de más. Un plato compartido de tacos después, nos quedamos hablando hasta que subió la marea y la hoguera se apagó en brasas. Siete veranos después, Mateo le propuso matrimonio en ese mismo tramo de arena al amanecer, con un anillo escondido en una caracola y un ramo de flores silvestres recogidas por el camino. Solo tenía sentido volver al mar para decir «para siempre».